Se mantiene la alerta, pronostican más lluvias en Santander

Publicado: 28 julio 2018 - 19:49

La recomendación que entregan las autoridades a las familias sangileñas, devastadas por una ola de tragedia producto de la avalancha que azotó a ese municipio durante la noche del pasado jueves, es que se mantengan en alerta.

Y es que al cierre de esta edición continuaban presentándose lluvias en la región y, por ende, los allí residentes deben estar pendientes de los llamados de evacuación para proteger sus vidas, en caso de presentarse una nueva emergencia.

De hecho, tanto la Gobernación de Santander como el propio Ideam mantienen la ‘Alerta Roja’ en esta parte del Departamento.

La autoridad ambiental advirtió que se prevén crecientes súbitas en los afluentes de la cuenca del río Fonce, además de las fuentes hídricas de Lebrija, Carare y Suárez, producto de las fuertes lluvias que, incluso con tormentas eléctricas, se han registrado en la región.

El balance de la tragedia en San Gil es aterrador: un menor de edad falleció; 20 personas resultaron con heridas de consideración, aunque que ya fueron atendidas y se encuentran fuera de peligro; y cuatro comunas, una vereda y cientos de viviendas fueron afectadas por las inundaciones.

Muchas vías que comunican al municipio con la capital santandereana están tapadas por lodo y escombros. Sin embargo, es preciso decir que la vía San Gil–Bucaramanga ya se encuentra habilitada gracias a las labores de los organismos de socorro.

En el resto de Santander, el Ideam les hizo un llamado a autoridades y pobladores para que estén atentos a los comportamientos de los ríos Frío, La Iglesia, Tona, Navas, Chapinero y De Oro, entre otros cerca de Bucaramanga y de San Gil.

Luis Fernando Flórez León, de 48 años, narró los momentos de angustia que vivió junto a su hija tras ser arrastrados cerca de 50 metros por una de las avalanchas que se registraron el jueves en la noche en San Gil, Santander.

A las 9:00 p.m. él y su hija de 18 años se movilizaban en su camioneta Mitsubishi Sportero hacia su casa, localizada en el sector Hoyo.

“Estábamos en el coliseo Lorenzo Alcantuz. Allí mi hija estaba jugando voleibol cuando empezó a llover. La tormenta se prolongó durante cerca de dos horas y fue tan intensa que cancelaron el partido. Decidimos irnos para la casa. Cuando regresábamos nos encontramos con dos avalanchas”, narró Luis Fernando.

En medio del aguacero, Luis y su hija llegaron hasta el ‘monumento del agua’, donde los vehículos se detuvieron, ya que las calles literalmente se convirtieron en ríos.

“Eso fue cuestión de segundos. Alcancé a ver que la avalancha venía desde el barrio Paseo del Mango, por lo que puse reversa y aceleré”, recordó.

“La avalancha llevaba mucha fuerza. Se veían palos y piedras grandes entre el lodo que arrastraba varias motocicletas y carros. El lodo nos alcanzó y nos arrastró cerca de 50 metros”, recordó Luis.

Casi de inmediato, el habitáculo de la camioneta doble cabina empezó a llenarse de lodo, mientras impotente Luis trataba de sacar la camioneta del lugar.

“El lodo nos llegó hasta los hombros. Como pude abrí la puerta del copiloto y el barro empezó a salir de la cabina. Mi hija estaba en la parte de atrás. Finalmente quedamos atrapados entre una baranda de la vía y un camión”, agregó Luis.

En la vía principal la avalancha perdió fuerza, pero inundó todas las calles del sector. Fue entonces cuando Luis y su hija pudieron bajarse de la camioneta y ponerse a salvo.

La estela de muerte y de destrucción, de manera desafortunada, ha marcado buena parte de nuestra historia. Santander ha padecido borrascas, vendavales y avalanchas que han cobrado las vidas de muchas personas; y de manera precisa durante la noche del pasado jueves un niño, del municipio de San Gil, entró en esta trágica estadística. 

Tras la tragedia de San Gil, llega a la memoria el recuerdo gris de aquel aguacero del 12 de febrero de 2005. Ese día nos azotó una de las lluvias más intensas de toda la historia del país: Alcanzó la cifra de 133,5 milímetros. Tal fenómeno natural provocó la avalancha del Río de Oro y dejó un balance de 65 personas muertas. 

San Gil y nuestra capital no han sido las únicas zonas del Departamento afectadas por estos fenómenos. El 23 de octubre de 1940 un vendaval sacudió a Rionegro y dejó tres personas muertas. También Sabana de Torres afrontó un desastre similar el 2 de agosto de 1950. Una persona falleció en ese momento. 

Un poco más atrás, el 3 de septiembre de 1932, Barrancabermeja estuvo a punto de desaparecer, tras la borrasca que arrasó con buena parte del Puerto Petrolero. Ocho muertos fue el saldo trágico. 

De igual forma, en Charalá, el 27 de abril de 1942, los malos vientos de una tempestad dejaron tres niños muertos. 

Y no podemos olvidar aquel fatídico 25 de noviembre de 1979. Centenares de muertos dejó la avalancha de las aguas del Río Playón, que sobrepasó los 10 metros de altura de su nivel normal. En ese entonces, el número de muertos habría pasado la cifra de 500. 

Aunque no se pueden predecir con exactitud los estragos, el Ideam pronostica que en el marco de la súbita temporada invernal por la que atravesamos es probable que las fuertes precipitaciones vuelvan a sacudirnos. ¡Es preciso mantener las alarmas encendidas! 

FUENTE: VANGUARDIA LIBERAL BUCARAMANGA

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